Es obvio que la felicidad esta en boca de todos. Las empresas no van desencaminadas en pensar que individuos satisfechos y felices son más eficientes que tristes y desmotivados. De ahí todos los esfuerzos por el aumento del bienestar de la gente en las organizaciones en una época convulsa.

En la era de la info-tecnologia, de la biotecnología, de la Inteligencia artificial que promete, y pone delante de nuestros ojos soluciones que mejoran y mejoraran aún más nuestras vidas, también pone realidades que tenemos que ir digiriendo poco a poco, pues suponen una amenaza para el hombre en muchos aspectos.

Porque, ¿qué podemos esperar sobre cuál será nuestro papel en muchos ámbitos? ¿Cómo encajar la idea de que no seremos necesarios para realizar muchas funciones? Y sobre todo ¿Cómo afrontar todo este cambio acelerado?

La idea de que en la toma de decisiones y en tareas, tanto complejas como rutinarias, la tecnología evitara el error humano, es más que halagüeña. Pero ¿Qué ocurre con los grandes cambios que esto trae consigo?

El cambio es siempre estresante. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que estos cambios frecuentes, acelerados e inentendibles para la mayoría de los mortales, en sus contenidos y en sus procesos, está produciendo una pandemia de estrés a la que no tenemos más remedio que dar respuesta.

El mundo ahora es un lugar frenético, que, aunque notablemente mejorado en muchos campos, también nos hace sentirnos amenazados.

Necesitamos técnicas de reducción del estrés efectivas.

Pero, además, los seres humanos necesitamos mas que nunca volver nuestra atención a nuestro propio conocimiento, a fortalecer nuestra resiliencia, ya que debemos resistir mentalmente todos los cambios que la Inteligencia artificial y el nuevo orden de las cosas traerá a nuestras vidas, por ejemplo, la amenaza de la volatilidad de algunos puestos de trabajo, la sustitución de innumerables tareas, y el hacernos reemplazables fácilmente por maquinas.

La psicología y la formación psicoeducativa tendrán un papel predominante en esta época en la que cuando todos ponemos el punto de mira en un ordenador, en la robótica, en la Inteligencia artificial, necesitamos más que nunca aprender a vivir con todo ello y a descubrir todos nuestros recursos para entender y lidiar con ello.

Ya las máquinas y los cerebros inteligentes son capaces de hacer muchas de nuestras tareas de una forma más rápida y efectiva, sin equivocaciones, que incluso podría mejorar nuestra propia condición humana, alterando bioquímica y genéticamente nuestro organismo, ¿qué hacemos mientras tanto?

La inteligencia artificial será el mega-biblioteca donde se almacenarán todos los conocimientos. Nuestro trabajo consistirá en saber que consultar de todos estos conocimientos, pues ya no necesitaremos memorizarlos. Esto quiere decir, que el aprendizaje consistirá mucho más en el manejo de la información y el trabajo coordinado con las maquinas.

Si tanto nos cuesta comprendernos los unos a los otros y convivir en paz, cuan estresante será y es convivir con cerebros artificiales que ni siquiera podemos entender y que nos aportan tanta incertidumbre e inseguridad, y que incluso amenazan con sustituir nuestras propias emociones.

Además, Deberíamos tener más espíritu crítico que nunca y coordinar nuestros esfuerzos con aquello que va a ser ineludible pasar por alto, y es la sustitución de la maquina por el rendimiento humano.

Esta revolución tecnológica, no deja de ser también una amenaza que sin duda pende de nuestras cabezas, y por otro lado una advertencia para reivindicar más que nunca y vivir más que nunca nuestras emociones. Los algoritmos no pueden sustituir los verdaderos sentimientos. Mas que nunca debemos reconocerlos y reivindicarlos.

En esta nueva era en la que tratamos de encontrar fórmulas y remedios para vivir con mayor felicidad, estamos pasando por alto que esta, no existe como tal.

De que podemos aspirar a un bienestar mas o menos prolongado, pero que debemos estar en contacto y aprender a lidiar con lo que sentimos. Reconocer lo que somos y que estamos en primera línea de batalla para ser vulnerables como seres humanos.

Debemos reconocer que cada emoción, cada sentimiento, nos enseña a vivir.

Estamos comprometidos con la vida a ser verdaderos humanos, y esto conlleva reconocer lo que nos motiva, y lo que nos hace felices, pero también lo que nos apena, lo que nos desborda, lo que no podemos gestionar en un momento dado debido a nuestras limitaciones.

Negar que existe tal cosa, no aceptar que tenemos bajadas estrepitosas y subidas reconfortantes, es simplemente contraproducente e incluso, poco práctico.

Desearíamos movernos en la positividad, en el optimismo. Nos gustaría ver la botella siempre medio llena, mantener el animo elevado, no dejarnos abrumar por los problemas, ser capaces de tomar las mejores decisiones y ser los supermanes o superwomen que no tendrían que preocuparse por nada, que pueden ignorar el sufrimiento y la tristeza. Pero esto es irreal.

Mientras las maquinas son cada vez mas capaces de integrar, conectar, actualizar los conocimientos globales, supone un mayor reto para las personas reconocer su humanidad y compartir esta humanidad con sus semejantes.

Para ello, debe conectar con lo que ya es, debe reconocer, entender y ser comprensivo con sus propias emociones y limitaciones.

Sentimos porque estamos vivos.

Podemos reivindicar nuestra humanidad en el siglo XXI. En esto consiste nuestra supremacía, en dejarnos ser ya, lo perfectos e imperfectos a la vez, que ya somos.

Tenemos que creer y no negar nuestras emociones, para hacernos más amigos de nosotros mismos y de nuestros semejantes. No importa que estas emociones sean negativas, pues nos enseñan y nos conectan con la vida. El sufrimiento es una fuente de energía y sabiduría que nos enseña a vivir.

Por eso, que no te vendan felicidad. La felicidad puede llegar en momentos puntuales a través del placer hedonista, sin duda, pero serán pasajeros.

La felicidad está más cerca de simplemente comprender que es algo que ya tienes en ti mismo, y que consiste en aceptar y reconocer lo que ya eres. En reconocer lo bueno y lo malo. Lo agradable y desagradable.

En la era de la revolución tecnológica e informática, que nadie te venda felicidad.

La felicidad no se compra ni se vende, pues simplemente no es un concepto, sino una forma de aceptar que somos humanos, y que, como tales, podemos ser mas o menos felices, dependiendo del momento, y que no depende de nosotros las emociones que surjan por el hecho de vivir, aunque si dependa vivirlas sin tapujos.

Las emociones y los sentimientos no se pueden enmascarar ni aplazar, pues no es algo que se programe y actualice como la Inteligencia artificial.

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LOLA LOPEZ

Psicóloga

AUTORA DE LOS LIBROS:

* «Mindfulness para empresas. La excelencia empieza en tí»

«Mindfulness. Programa para la reducción del estrés.»

TALLERES Y CURSOS DE #MINDFULNESSPARAEMPRESAS.

MINDFULNESS PARA LA #REDUCCIÓNDELESTRÉS Y LA EXCELENCIA EN EL LIDERAZGO

Webs: www.lolalopezpsicologia.com |  www.mindfulness-empresas.com

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