Estar inspirado es un estado mental muy favorable cuando realizamos una tarea.

Hay gente que necesita estar en constante flujo de inspiración porque lo requiere su trabajo. La afirmación: “Que la inspiración te encuentre trabajando” es muy cierta, porque esta es la mejor forma de aumentar la probabilidad de que surjan momentos de inspiración.

Es importante saber, que nuestro estado de ánimo, y también la estabilidad emocional, determina en gran medida esta inspiración, y el que seamos más o menos creativos en un momento dado.

Si tenemos autodominio y entendemos nuestras emociones, sabremos autorregularnos. Sabremos equilibrar la balanza en nuestros estados de ánimo, precisos y oportunos, para cada fase del proceso creativo.

El autodominio se refleja en tener conciencia y en saber gestionar nuestros propios estados de ánimo internos. Aquí estriba el sano equilibrio emocional.

¿SE PUEDE PROPICIAR LA CREATIVIDAD SABIENDO GESTIONAR NUESTRAS EMOCIONES?

En cierto modo sí. Entendiendo en que consiste y que debemos poner de nuestra parte para que ello se produzca.

El autoconocimiento, como elemento decisivo de la inteligencia emocional, juega un papel muy importante, pero también tener conocimiento de aquello en lo que vamos a innovar.

Nuestro cerebro, cuando emite ideas creativas, produce “picos de ondas gamma”, que no se puede forzar evidentemente, pero nuestro estado mental, si puede preparase o inducirse.

Un modelo clásico de creatividad, que podemos tomar como referente de en que consiste el proceso creativo, divide este en cuatro fases:

1) Definición del problema.

Saber definir nuevos problemas que vale la pena plantearse. Hacerse nuevas preguntas sobre algo, es la antesala del proceso creativo.

No todo el mundo es capaz de hacerse nuevas preguntas sobre algo, o ver las cosas desde otro punto de vista. Ver un nuevo obstáculo o problema y estar motivado para encontrar una nueva solución, es el inicio del proceso creativo. El tener una mente abierta, ayuda a ver más allá de los límites, a salir de lo rutinario.

Los verdaderos genios, en un terreno determinado, son los que se han planteado cosas que nunca alguien había hecho, o se han preguntado aspectos no vistos por la mayoría.

El sentido crítico juega un papel muy importante en esta fase. Saber de algo o ser experto en algo, también contribuye decisivamente a que podamos plantearnos nuevos enfoques.

Nuestro estado de ánimo es decisivo en esta fase. Si estamos de mal humor “razonable”, nos inclinaremos a poner más interrogantes a todo. A no creer en nada y a sentir la necesidad de tener que probarlo.

Cuando no estamos demasiado optimistas, disponemos del escepticismo necesario para cuestionarnos las cosas, no confiaremos en lo establecido o en opiniones reconocidas, y seremos más perspicaces a la hora de tratar de buscar nuevas soluciones y propias conclusiones.

2) La segunda fase es indagar sobre el problema.

Recabar datos, estudiar desde distintos ángulos. En definitiva, obsesionarse hasta cierto punto, con el problema definido, juega a favor de la idea creativa.

Esta digamos “obsesión pasajera” nos hará abonar el terreno para que surjan nuevas ideas. Buscaremos informaciones, datos, contrastaremos. Prestaremos atención a cada detalle, y trataremos de encontrar argumentos sólidos, desde distintos puntos de vista.

Estar de mal humor, o como mínimo de un humor más pesimista, tiene su lado positivo.

Por ejemplo, sabemos que la rabia, moviliza nuestra energía y nos hace centrar la atención en eliminar los obstáculos que nos impiden alcanzar un objetivo.

La tristeza, sin embargo, nos hace más apáticos y disminuye la motivación de encontrar nuevos enfoques o plantearse nada.

3) La tercera fase consiste en dejar de pensar en el problema y “dejarse ir”

Las mejores ideas surgen en la ducha, al levantarnos por la mañana, o después de un periodo de desconexión del problema.

Si tratamos de forzar que lleguen las ideas creativas, es cuando ahogamos la posible creatividad.

Por eso es necesaria esta etapa de dejarse ir sin más, de olvidarse del problema. Si tenemos suficiente autodominio, sabremos como y en qué momento desconectar.

Cuando se produce este momento creativo, nuestro cerebro esta teniendo una actividad, en la que ya se han producido primero un pico de ondas gamma, y la idea después de ello, consigue entrar en la conciencia. Es el momento en que nuestro cerebro produce “ondas alfa”, que coinciden  con el momento “eureka”.

Cuando llega este momento, significa que se ha producido un nuevo enlace neuronal. Se ha establecido una nueva asociación de células cerebrales, que, aun estando quizá muy distantes, se conectan entre sí, dando lugar a una nueva red nerviosa.

La intensa concentración que teníamos en la segunda fase, en la que tratábamos por todos los medios de solucionar el problema o encontrar una idea novedosa, mirando incansablemente desde distintos ángulos, da paso ahora a esta etapa de relajación mental, en la que nos dejamos ir a la deriva, teniendo momentos de ensoñación, y no prestando atención a nada determinado.

Y es aquí donde se prepara el terreno para estas nuevas conexiones que, tras el pico gamma, nos traen la idea novedosa.

Numerosas investigaciones han demostrado las muchas ventajas de estar de buen humor, en esta tercera fase, cuando nuestro ánimo es más elevado u optimista. Nos permitimos así acceder al inconsciente, comprendiendo mejor su lenguaje.

El momento en el que la idea semiconsciente o inconsciente, llega a la conciencia, hace que sintamos alegría, elevando nuestro buen humor.

Somos entonces más creativos, podemos resolver mejor los problemas gracias a la flexibilidad mental que nos da el dominio del buen talante. Es en este momento cuando la toma de decisiones se hace más fácil.

4) La última fase es la ejecución de la idea.

Muchas ideas fracasan en esta fase pues no se ponen bien en la práctica. Aquí una buena idea puede cuajar o fracasar.

Y es también cuando debemos seguir con el proceso creativo, porque desgraciadamente, hay muchas buenas ideas que se han quedado sin poner en práctica, siendo realmente buenas o magnificas ideas.

La determinación y la constancia, asociadas a nuestra fuerza de voluntad, y favorecidas por emociones positivas, nos predisponen para seguir adelante.

La creatividad en la vida real, no esta tan estructurada como en este modelo de las cuatro fases, sino que nuestra relación con los momentos de inspiración suele ser más complejo.

Estos momentos están determinados en gran medida por nuestros estados de ánimo y de conciencia, que, a su vez, se relacionan directamente con el estrés y las demandas mas o menos excesivas del medio, con nuestras expectativas, experiencias, ilusiones y metas.

Pero, sobre todo, con nuestro autoconocimiento, y al autodominio, para saber adaptarnos al proceso de la forma mas fluida, permitiendo que nuestra mente se enfoque, o desenfoque según el momento, para no entrar en rumiación, o divagación, más allá de lo que la intuición nos aconseje.

Esto es lo que conseguimos cuando conectamos con lo que somos, cuando tenemos entrenada nuestra mente, y cuando posemos equilibrio emocional.

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