Las personas somos capaces de poner toda nuestra potencialidad volitiva y psicológica, a nuestro propio servicio, al de los demás, o al servicio de nuestros propósitos.
Podemos sacar a la luz toda la energía que poseemos en nuestro interior, enfocándola allí donde queremos, para lograr nuestras metas, para sentirnos bien, para solucionar los problemas.
Pero sacar a la luz nuestra energía positiva, requiere encontrarla dentro de nosotros primero. Después, mantenerla y desarrollarla.
El bien y el mal, existen dentro de cada persona. El cielo y el infierno, se viven en la tierra. Hay quienes tienen la desdicha de pasar por un infierno, o por varios en el transcurso de su existencia. Casi todos en mayor o menor grado, conocemos alguno, tarde o temprano. Directa o indirectamente.
Aunque nadie es totalmente bueno o malo, hay muchas personas que hacen el bien sistemáticamente, y que consiguen obtener a lo largo de sus vidas, un balance de humanidad, que se parece mucho a la bondad más pura.
Es el caso de los que ponen su vida por entero al servicio de los demás, como Teresa de Calcuta, y de otros muchos ejemplos de la entrega al prójimo, y a las causas ajenas más elevadas.
Nuestra disposición a hacer el bien, tanto para nosotros mismos, como para los demás, dependerá de muchos factores. Entre ellos, de las circunstancias que no toquen vivir, de nuestra experiencia pasada, de lo que vamos siendo, y no solo de lo que genéticamente poseemos.
Afortunadamente, creo que el bien está más extendido, y la parte buena de las personas, la mayoría de las veces desde el anonimato, gana con creces.
Estando y siendo en nuestro día a día, podemos mostrar la cara amable de nosotros mismos, pero también la menos buena y la más antisocial.
Por otro lado, unos nos verán como buenas personas, y otros como no tan buenas, porque nuestra imagen, actitud y conducta, es sometida diariamente al criterio personal, de los demás.
Si bien es cierto que la imagen que tenemos de nosotros mismos, y lo que somos en realidad, es mucho más importante que lo que nos puedan presumir los demás, y como de verdad somos, solo lo podemos saber nosotros. Lo que podemos llegar a ser, basta con tener la intención de descubrirlo.
Para ello, podemos empezar por auto-conocernos, mirar hacia dentro, en vez de hacia afuera, para descubrir lo que realmente nos puede hacer felices.
Si somos conscientes plenamente, y prestamos atención a todo lo que nos rodea, y de manera especial, a nosotros mismos, podremos vivir la realidad en condiciones más óptimas.
Cuando somos verdaderamente conscientes de todo ello, cambiamos nuestro modo de ser y de estar en el mundo.
El ser humano es capaz de todo. Realmente es capaz de las mayores atrocidades, pero también, de los mayores logros y las más loables conductas.
Nos damos cuenta a diario, y nos sobran ejemplos de hazañas de seres humanos a lo largo de la historia.
Que existan, y hayan existido personas que destaquen por su genialidad: su humanidad, su inteligencia, su sensibilidad, sus descubrimientos, o su arte, no es de extrañar, por tanto.
Puede que todos ellos, además del talento innato y el trabajo constante, se hayan encontrado en el momento oportuno y en el sitio adecuado.
O hayan tenido la fortuna de conocer, poder, y saber sacar a la luz, todos sus recursos internos y talentos.
Podría haber muchas más personas destacables, muchos más genios cotidianos, si la percepción de los obstáculos, sobre todo aquellos que nos vamos encontrando en el camino, no nos parecieran tan insalvables.
Si no perdiéramos la voluntad y la motivación por seguir persiguiendo la excelencia cuando afloran nuestras debilidades ante ellos. Cuando nos desviamos de lo esencial. Cuando nos perdemos en lo que no nos deja ser, lo que auténticamente podemos ser.
La manera en que miramos el mundo y como lo aprendemos, forma la estructura de nuestro sistema de creencias y nuestros sentimientos aparejados.
Esto, no se crea de la noche a la mañana, sino que se va construyendo a lo largo de nuestra vida.
No solo depende de nosotros, sino que ya nos viene inicialmente determinado por el nacimiento, y a medida que crecemos lo vamos forjando.
Lo almacenamos inconscientemente, a cada paso y experiencia vivida, en nuestra memoria. Nos facilita la vida, pero también nos la complica.
Pero lo aprendido se puede cambiar, y lo no aprendido, aprender, para conseguir el objetivo de ser mejores y más felices.
Este objetivo, cuyo propósito es alcanzar mayor bienestar, sin duda es común a todos los humanos.
A pesar de las malas noticias que oímos a diario, a pesar de todas las desgracias e injusticias que nos afectan directamente, o a través de otros, los hombres, además de ser capaces de lo peor, tenemos una capacidad de perfección y crecimiento enormes.
Toda esta potencialidad que llevamos dentro, se pone de manifiesto en situaciones muy difíciles.
Por otro lado, aun impactándonos tanto lo negativo de la vida, tenemos una predisposición innata increíble para olvidarlo, lo que nos facilita poder empezar de nuevo, una o mil veces.
El hombre es el único animal que es capaz de autodestruirse. Y también capaz de tropezar muchas veces en la misma piedra. Aun así, también sabe aprender de sus errores, se inclina a ayudar a otros, y promueve las mejores empresas.
Ante una realidad global en la que avanzamos tan rápido en tecnología, y que, a pesar de que nos facilita la vida, ni siquiera podemos comprender, necesitamos más que nunca, mirarnos por dentro.
Estar convencidos de que podemos adaptarnos a la nueva realidad, de cambio inexorablemente acelerado, y hacerlo con excelencia, como desde hace millones de años venimos haciendo, respondiendo a las presiones evolutivas de las distintas épocas.
No obstante, de los contratiempos, las decepciones, y catástrofes, que como a todo el mundo, tarde o temprano, nos toca vivir, una cosa es segura: el ser humano es capaz de ser feliz, hallando su propio bienestar, que no depende tanto de las circunstancias ambientales, como de nuestra propia visión del mundo.
Aunque el viento no esté a nuestro favor, encontraremos el bienestar interior si encontramos el equilibrio emocional.
Solo excepcionalmente nos ocupamos de nuestra salud mental, pero es necesario advertir, que forma parte de nuestro todo. Que también debemos cuidar de ella, como lo hacemos de nuestro cuerpo.
A través de una mente limpia y calmada que conseguimos, entre otras alternativas de salud, con Mindfulness, todo lo demás es más fácil de lograr.