En la vida de todas las personas se atraviesan situaciones difíciles. Existen acontecimientos traumáticos que se viven muy intensamente. A veces, la carga emocional que provocan es tan grande, que hace que se fije el recuerdo de por vida, en nuestra memoria.
Es decir, cuanta más carga emocional tiene para nosotros un hecho vivido, más fielmente se quedará en nuestro recuerdo.
Por ejemplo, si tratamos de recordar donde estábamos o que hacíamos el dia de los atentados del 11-M, todo el mundo se acordara, pues la experiencia que vivíamos en ese momento, quedo asociada a algo terriblemente emotivo.
Algunas sensaciones vividas, que fueron en su momento emocionalmente muy negativas y repentinas, traen consigo, en ocasiones, lo que llamamos estres postraumático.
Si no se resuelven convenientemente, quedan almacenadas en nuestra memoria inconsciente, y desde ahí, nos hacen difícil la vida, así como la adaptación a nuevas situaciones. Lo malo es que ni siquiera somos conscientes de ello.
No somos conscientes de ellas, más que a la hora de querer olvidarlas para siempre. Pero este empeño hace, que aún les demos más fuerza. Solo acabaran de afectarnos cuando su carga emocional quede aminorada.
Experiencias muy dolorosas por ejemplo en edades tempranas, pueden consolidar una depresión, sufrida en la edad adulta.
Pues si no lo hemos asimilado, ni resuelto adecuadamente, afloran cuando menos lo esperamos. Y si no está debidamente superado, nos pueden incordiar en la vida una y otra vez.
De ahí, la esperanza de la curación de muchas enfermedades, y la función de los profesionales en psiquiatría y psicología, cuando se trata de ayudar a estas personas a dar otros significados a sus recuerdos. Ya que pueden cargarlos de nuevos condicionantes emocionales que reubiquen su carga en nuestra memoria.
Muchas depresiones exógenas, producto de malas experiencias, asociadas a una carga emocional traumática, se abordan desde este punto de vista.
Una persona con una depresión, o con una ansiedad desbordante producto del trauma, que se somete a una psicoterapia, tiene la oportunidad de transformar el modo en que interpreta la experiencia.
Si es capaz de dar nuevos significados, está añadiendo información al recuerdo que tenía almacenado, y que le hacía sufrir, por tanto, modificando el recuerdo.
Se llama “Reconsolidacion de la memoria “cuando revisamos todos aquellos recuerdos. Las conexiones cerebrales que se almacenaron entonces, se van modificando de acuerdo a nuevas interpretaciones. A nuevas informaciones que aminoran el peso de los recuerdos traumáticos iniciales.
Ignorar el impacto de lo vivido y negar u olvidar la emoción para no sufrir, no es bueno en primera instancia. No se puede disfrazar lo que nos ha hecho daño para evitar el sufrimiento.
Pero tampoco recrearse ni pensar obsesivamente en él. Sin embargo, necesitamos nuestro tiempo para curar nuestras heridas emocionales, y vivir también la tristeza. Es decir, para afrontar la experiencia traumática.
Para ayudarnos, la memoria, juega un papel fundamental. Tenemos la oportunidad de rememorar, y si lo hacemos adecuadamente, nos facilitaremos el asimilarlo.
Pues al recuperar el recuerdo de algo que verdaderamente nos ha afectado, nuestra memoria se abre. De esta forma se hace vulnerable para añadir nuevas cargas emocionales. Cargas emocionales que contrarresten el peso negativo inicial que tiene ese recuerdo.
Cuanto más reciente es la herida, y más fresca en nuestra memoria, pensar en ello, más dolerá, pero como contrapartida, nos permite incorporar nuevas informaciones que nos beneficien, otros ángulos de visión que aminoren las cargas originales negativas.
Cada vez que encontremos explicaciones, o nuevas interpretaciones de los hechos, estas nos servirán para recolocar el recuerdo en la memoria a largo plazo, de una forma distinta a como lo vivimos en su momento.
Al evocar la situación, nos damos la oportunidad y permiso para aliviar el sufrimiento, pues lo vamos asimilando.
Se sabe, que la memoria se reconsolida una y otra vez, y que a medida que evocamos los acontecimientos vivimos, añadimos nuevas cargas emocionales. Vamos modificando el recuerdo. Los recuerdos por tanto, no son estancos permanentes en nuestro cerebro.
Por eso, ante todo impacto traumático, como puede ser la muerte de un ser querido, una separación, o la pérdida de un trabajo, no nos queda más remedio que pasar un duelo.
Este duelo será más corto y llevadero cuanto mejor sepamos añadir nuevas informaciones e interpretaciones a la situación. No es baladí, que el apoyo de un profesional, nos ayude en ello.
Nuestra naturaleza, enseguida pone en marcha mecanismos psicológicos de defensa para luchar contra el malestar. Pero a veces no son suficientes, y es conveniente emplear todo lo que está a nuestro alcance para aliviarlo sin que nos hunda más.
Darse a malos hábitos como la bebida, el juego, etc…. Disfrazan y empeoran el problema. Ya sabemos que no son la solución
El ejercicio físico, la meditación, rodearse de buenas compañías, iniciar actividades que nos puedan ir proporcionando paulatinamente momentos satisfactorios, si.
También pensarlo, reflexionar sobre ello, hablar, y poderlo contar a otros, es beneficioso. La situación de espejo en los demás ayuda.
Pero no te olvides de que al tratar de olvidarlo por la fuerza, no engañas a la memoria. Necesitas un periodo de duelo y asimilación.