El mal de amor, podría considerarse como una causa recurrente, por la que las personas acuden a la consulta de un psicólogo.
Es sentirse muy mal, o creer que nuestra vida acaba, cuando alguien decide que ya no quiere estar con nosotros. O cuando una relación termina. En el trasfondo, hay una dependencia emocional. Basada en la idea errónea de que uno, no puede ser feliz por sí mismo. Sin tener es persona al lado.
Pero nadie necesita obligatoriamente a nadie determinado. Podemos ser, solos , felices. Por nosotros mismos. Sin que esto, dependa de otra persona.
No es lo mismo pasar por un desamor a los 20 años que a los 60. Tratándose del primer amor, se vive todo con mas pasión, con mas intensidad, con mayor inexperiencia. Por lo que sin disponer de los recursos que da la experiencia, podemos pensar, que es una hecatombe.
Si cambiamos los argumentos que sustentan estas creencias, podemos convencernos de que nadie muere por amor, y que se puede olvidar. Y seguir adelante sin carencias.
Un abandono, o una traición, son adversidades muy pequeña, comparado con todas las cosas que alternativamente, podemos hacer en la vida. O comparado con todas las oportunidades que podemos encontrar. o con otras cosas peores que podemos encontrar. Por tanto, hay que relativizar.
Mirado desde esta óptica, se movilizan nuestros deseos de superación, en una adversidad amorosa. Que solo es eso, una adversidad. Hay mil cosas por hacer. Mil causas en las que emplearse. Ilusiones por y para algo. El hombre está hecho para estar con otros. Así es. Es lo ideal. Pero no lo único.
La literatura y la música, como ejemplos, cuyas manifestaciones han hecho identificarnos a muchísimas personas, a lo largo de todos los tiempos, no van desencaminadas. Consiguen uno de sus objetivos. Conectan con los sentimientos. Pero estos sentimientos, en la letra de estas canciones, poemas, relatos…, muchas veces, no contribuyen a hacernos ver, precisamente, que la felicidad, no depende de tener, o no , pareja. Que el amor, se puede encontrar en muchas partes, y que la vida puede ser muy completa. Aun no teniendo pareja. Incluso habiéndote fallado una relación.
Recuerdo una letra en concreto. Una canción melancólica cuya composición musical es tan bonita, que te dejas llevar fácilmente por ella. La letra, empieza diciendo… “sin ti no soy nada”…
Mal comienzo!
Mejor sería decir: Sin ti, lo soy todo… aunque sienta que te quiero. Aunque ya no me aportes. cosas buenas. O aunque me las aportes. Aunque me encante estar contigo, y aunque ya, no lo este. Tú, solo me complementas. Me haces la vida mejor. Me gusta estar contigo. Me enriqueces. Me diviertes. Me acompañas. Me cuidas… Nada más! Y nada menos ! . Pero sin ti, a pesar de esto, sigo siendo todo.
Los sentimientos nacen de nuestros pensamientos. Y desgraciadamente, solemos tener ideas erróneas del amor. De ahí, que podamos considerar que no somos nadie , si no tenemos pareja. Que la felicidad reside en estar con esa persona, y que necesitamos la otra parte para ser completos.
Esto no es cierto. Cada ser humano es único y completo por sí mismo. Y solo cuando está feliz consigo mismo, puede estar feliz con el otro. Las relaciones humanas afectivas no deben basarse en la dependencia. No necesitamos a nadie determinado para existir, para estar, para ser felices.
¿Que ocurre cuando se acaba una relación? Si esto, se vive como un abandono, la sensación de soledad es terrible. Objetivamente, ha podido ser un abandono, es cierto, pero esto, no es el fin. Si había sentimientos fuertes hacia esa persona, se pasara un duelo.. Pero debemos empezar lo antes posible, a argumentar con nosotros mismos, contra todo a aquello que nos lleva a sentirnos mal. Para empezar a sentirnos bien.
El abandono, la infidelidad, la traición, el maltrato, crean las heridas. Heridas que a veces, tardan años en cerrarse. No somos perfectos y como seres humanos, sufrimos. Pero si tendríamos que darnos cuenta de que este sufrimiento tiene un limite. Y que, se basa en el hecho, de empezar a poner fin a la creencia , que sin ese amor, no somos nada. Que será imposible salir adelante sin él.
El bienestar que produce estar en pareja es fabuloso. El estado ideal del hombre es compartir, amar, acompañarse, cuidarse. Pero muchas veces, el malestar de estar en pareja, supera al bienestar. Aquí es cuando ya no merece la pena. Porque nadie merece sufrir y hacer sufrir.
¿Por que no seguir buscando solo la felicidad, o intentar compartir cosas con otras personas? No podemos creer que alguien es todo nuestro mundo, por mucho que sintamos, por el o por ella. Por mucho que hayamos compartido. Aunque dejemos de estar, el sentimiento, se sustentaría por sí solo, si existe.
El 50% de las parejas actuales, no llegan a los diez años de convivencia. No es demasiado fácil convivir, si las relaciones están basadas en exigencias y reproches. Sin embargo, cometemos el error de hacerlo, y muchas veces es por el miedo a perder a esa persona. Por el miedo a estar “solo”.
Afrontar y aprender a vivir en soledad, es muy sano. Bueno para uno mismo, y para vivir en pareja.
Como seres humanos, debemos darnos cuenta de que hay que amar, desde la libertad, no desde la necesidad de dependencia. Y que somos capaces de estar solos tanto como de estar en compañía.
Amar es también respeto, honestidad , aceptación, y libertad. No es costumbre u obligación. Ni engaño. Es para uno mismo, no para la imagen que damos a los demás.
El amor y el desamor, son la causa de las mayores felicidades y de los peores infiernos. Porque es un motor que mueve el mundo.