Aun partiendo de la base de que la felicidad plena no existe, y que esta, la solemos vivir como experiencias placenteras más o menos prolongadas, lo felices o desgraciados que seamos dependerá mucho de nosotros. De nuestros sentimientos. Aunque también de nuestra voluntad y esfuerzo por serlo.
Si tenemos sentimientos de odio, por ejemplo, el cristal con el que miramos será bien distinto, al que supondría mirar la vida desde una posición alegre y positiva.
Esta segunda forma de hacerlo es lo que nos permite a veces vivir la vida como si fuera un juego, y no una obligación.
Pero podemos condicionar nuestros sentimientos. Sentir como queramos. No es tan difícil como parece. Y en cualquier caso, merecera la pena.
Si decidimos ser alegres y mantener esta actitud, es probable que nos topemos con obstáculos, pero nuestra forma se estar, será definitiva.
Cuando vemos una carcajada o una sonrisa en otros. O cuando estamos en compañía de alguien alegre y positivo, esto se nos contagia, por un efecto de nuestras neuronas espejo.
Es por eso, que vivir con personas tristes y desgraciadas, con actitud negativa, de forma prolongada, acaba afectando nuestra visión del mundo y limita nuestras defensas.
De todos es bien sabido que existen diferentes temperamentos y personalidades, y que hay personas más optimistas que otras, pero, si la alegría se ha ido de nosotros, y no ha sido por una desgracia o un grave contratiempo, esto se debe a como interpretamos las cosas.
De cómo sabemos defendernos ante los contratiempos y adversidades. Y debemos aprender a defendernos con plena presencia, y con la determinación de hacerlo, sobre todo.
En la cabeza se va creando un sistema de creencias que empuja en la dirección que nosotros hayamos marcado a lo largo de nuestra vida.
Esto sucede así, y esto es lo que nos marca.
¿Porque ante el mismo acontecimiento, unas personas reaccionan de una manera y no de otra? ¿por que ante una desgracia, algunos podemos sobreponernos con más o menos facilidad, y otros caer en depresión?
Personas que perciben las cosas de forma negativa, lo harán de esta manera, porque su sistema de creencias está fuertemente establecido en la negatividad.
Podemos modificar nuestro estado de ánimo si tratamos de vivir plenamente el presente y de disfrutar de cada actividad diaria con alegría. A pesar de los pesares.
¿ Que más alegría que estar vivo y poder disfrutar de cada instante ?
La gente satisfecha, no es la que tiene menos problemas, sino la que sabe identificarlos, enfrentarlos y gestionarlos adecuadamente.
Para esto, no solo necesitamos inteligencia emocional, sino conocimientos, experiencia, preparación, formación.
Pero, sobre todo, intención y voluntad.
Si bien, es un hecho, que cuando nos entendemos mejor, y comprendemos nuestro funcionamiento, estamos poniendo nuestras capacidades psicológicas y mentales, al servicio de lo que tenemos que resolver, no podemos olvidarnos que el esfuerzo es necesario también para hacerlo.
Quizá la felicidad este mucho más cerca de lo que parece, y aparece según tu preparación para ser feliz.
Esto incluye una actitud de lucha, de afrontamiento real de los problemas, de valentía para gestionar la vida, y no tanto de mantener una actitud de evasión de la realidad.
Todo aquello que nos produce una sensación de angustia elevada, hace que nos movilicemos para aplacarla.
Puede que esta sea una de las razones por las que las personas queremos acercarnos a algo que suena tan maravilloso como la felicidad. Aun sabiendo que no existe en su totalidad. Siempre habrá algo que nos importune, o que cambie radicalmente las cosas.
Pensar que la felicidad completa existe, es como vivir en el mundo de las hadas, y transmitirlo de esta manera a las generaciones futuras, es un error.
Desde el colegio y la universidad, Los problemas son reales, y la única manera que tenemos de enfrentarlos más eficazmente, sin que esto queme nuestros recursos, es saber contar con nosotros mismos.
No olvidarnos de que lo que pensamos y como pensamos, va a condicionar nuestra manera de verlo.
Hay que contar con uno mismo en primer lugar, contar con el propio esfuerzo para afrontar las cosas, no solo desde el punto de vista emocional, sino también desde el trabajo y la buena disposición.
Por eso, la felicidad, es más bien una elección, que comienza con la decisión de serlo, y pone en marcha todo nuestro potencial para lograrlo. Pero no olvidemos, que también es un acto de voluntad.
Si lo miras en perspectiva, y te puedes alejar temporalmente de aquello que te condiciona, dejaras que tu propia sabiduria te de todas las respuestas.

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